jueves, 31 de diciembre de 2015

Microcuentos de noche



Me encantan los microcuentos y me que encanta leer antes de irme a dormir incluso cuando no tengo tiempo, por eso este tipo de historias cortas (o, más que cortas, minúsculas) es la manera perfecta para poder disfrutar de una lectura completa en menos de un minuto y dejar volar la imaginación.

Por eso, el pasado 25 de diciembre empecé a publicar en Twitter, por la noche, estos micros, usando el hastag #microcuentosdenoche. Y tuvo una gran aceptación sin ni siquiera publicitarlo ni explicar de qué iba el tema.

Así que en este año que empieza os propongo, de manera oficial, que os animéis a escribir estas pequeñas tramas en 140 caracteres todas las noches (o las que podáis), en concreto entre las 8 de la tarde y las 8 de la mañana (con excepción de la gente de latinoamérica, que pueden hacerlo en la misma franja pero según su hora), y yo me comprometo a leeros. Espero, también, hacer de vez en cuando (a poder ser una vez al mes) una recopilación de los micros que más me hayan gustado (uno por participante, como mínimo); y de cada una de esas listas podréis elegir el que más os haya gustado.

No tendrá más premio que el reconocimiento de un trabajo bien escrito y que transmite, que de eso se trata cuando apretamos las letras del teclado para escribir una historia. Bueno, eso, y ver vuestro nombre en una imagen como la que sigue (elaborada con conocimientos avanzados de Pixlr Express xddd!):



Aunque estoy de vacaciones, he hecho esta parada para explicar bien esta iniciativa. Así que nada, yo os pregunto: ¿Me ayudáis a completar la imagen? Tenéis de plazo hasta el día 13 de enero, el 14 publicaré una lista con los propuestos en la primera ronda para que, entre todos, decidáis al ganador.

Y ya que estoy aquí, voy a desearos que el año que empieza venga cargado de buenas historias, aunque sean en forma de miniatura, como estos #microcuentosdenoche

jueves, 17 de diciembre de 2015

Mi problema es que ya no me escribes



Las cartas vacías han dejado de llegar hace mucho tiempo. El cartero ya no trae sobres con las sobras de tiempos mejores en forma de hoja en blanco. Ya no vuelves a la otra cara de la moneda cada vez que intentas despegar el recuerdo de aquel balcón frío y solitario donde una noche te refugiaste del calor que te abrasaba.

Ni con líneas ni entre ellas, el folio sin contenido era la prueba de mi recuerdo entre las mantas de tu sofá. Era el sello borroso en la palma de la mano que recordaba la entrada a la discoteca el día anterior. Era un pacto de silencio, de no agresión y de recuerdos.

No necesitabas mensajes cargados de arrepentimiento porque ya no estoy, ni contestaciones llenas de reproches buscando la respuesta a por qué te fuiste, cuando la realidad de lo nuestro es que nunca estabas.

Conmigo vivías anclado en el pasado enviando cartas vacías a la de ayer, mientras yo (que era la de hoy en un pasado que hace mucho que olvidé), me conformaba con mirar los huecos de los sellos despegados y enviados a otro lugar.

Me pregunto quién será ahora la que reciba un sobre el primer lunes de cada mes, como si de una factura se tratase, tratando de cobrar los rencores que no consigues despegar de entre las sábanas. ¿Cuándo terminaste de pagar los míos?

Quizá algún día mires al cielo a través del techo y te preguntes si aún pienso en tanta carta inútil, o si aún me impaciento con la llegada del cartero, esperando que todavía me recuerdes. Quizá algún día alguien te devuelva todas y cada una de tus cartas, para que veas con tus propios ojos cuánto ocupa el vacío de un folio sin palabras.

jueves, 10 de diciembre de 2015

El manuscrito hecho en un mes que acabó siendo una gran novela de terror

Si hay alguien que ha conseguido reconciliarme con la literatura de terror hasta el punto de que, en la actulidad, me apasiona y se ha vuelto un género tan imprescindible en mi vida lectora como la novela negra, ese es Jaume Vicent. Este redactor y copywriter es, sobre todo, un escritor de este género que apunta maneras. Ya hablé de de él cuando reseñé Viejas huellas, un Penny Dreadful que nos permite darle un mordisco a su primera novela: "Blackwood: piel y huesos".

La novela todavía no la tengo entre mis manos, pero me llegará pronto. Le tengo ganas desde que leí aquella historia corta que me enganchó de principio a fin, por eso estoy muy contenta de que la historia entera haya salido ya a la venta en forma de novela. Así que, mientras no tengo el placer de poder hablar de ella más en profundidad, he invitado a Jaume a que viniese al blog y me contase alguna primicia de este libro, y me ha dicho cosas muy interesantes. Os dejo con él:

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Llevo mucho tiempo hablando con Cris, los dos nos mandamos mensajes privados a través de Twitter y no paramos de preguntarnos: ¿Ya sabes algo de tu libro? La tónica general era no saber nada o saber poco, respuestas generales en la línea de: “Bueno está en marcha”, “Está en proceso de edición” o la típica “Ya falta poco”.

Uno de esos días resulta que mi respuesta fue: Creo que la semana que viene ya estará, lo que supuso un cambio en la dinámica de nuestras conversaciones. Uno agradable, supongo, al menos lo fue para mí.

Cris me pidió entonces que escribiese un artículo para Detrás de la pistola… a lo que yo accedí encantado. Luego me metí de nuevo en mis cosas, vino el puente y el día en que se lo tenía que entregar ni me acordaba. Así que aquí estoy, haciendo las cosas a última hora, como casi todo lo que hago en mi vida.

El lunes contaba en mi blog como Blackwood: Piel y Huesos, mi novela era una promesa que le hice a un niño hace mucho tiempo. Yo soy ese niño y, por suerte, he podido verla cumplida. Pero, ¿cómo llegué a hacerlo? Pues del mismo modo que con este artículo, lo hice llegando tarde…



Blackwood nació como un proyecto para un concurso literario. Llevaba bastante tiempo escribiendo, sobre todo en cuadernos, había escrito algunos relatos (la mayoría flojos) y tenía terminada una novela, que a día de hoy sigue esperando a que la revise. Pero la literatura y la escritura todavía no eran una preferencia en mi vida, simplemente me gustaba escribir y leer, disfrutaba haciéndolo.

En aquel momento me planteé participar en ese concurso, debía presentar una novela con un mínimo de 50.000 palabras, ya lo había hecho antes así que pensé que sería capaz de hacerlo de nuevo. El único problema es que llegaba tarde, descubrí ese concurso a falta de un mes para que terminase el plazo.

Por aquel entonces (estoy hablando de hace unos cuatro años) estaba en paro y comenzaba a pensar que “valía para poco” así que escribir Hambriento (así es como se llamaba Blackwood) fue para mí un reto personal, una forma de demostrarme que no todo termina con la crisis, que hay vida después del trabajo y que perderlo no te convierte en un paria.

Por entonces todavía no estaba acostumbrado a escribir (al menos no tanto como ahora) y tampoco sabía lo que sé ahora, pero recuerdo aquella extraña experiencia con mucho cariño, era la segunda vez en mi vida que me sentaba y dejaba que otras personas (mis personajes) tomasen las riendas y contaran ellos su historia.

Al final fue mucho más sencillo de lo que pensaba, incluso terminé dentro del plazo de tiempo, como era novato y no tenía mucha idea de cómo funcionaba el mundo editorial envié el manuscrito sin revisar ni corregir al concurso. Supongo que no me importaba ganar, lo importante había sido demostrarme que podía hacerlo, que podía terminar algo.

Durante mucho tiempo no volví a abrir aquel archivo, hasta que un día mi pareja, me preguntó por él. Le dije que estaba por ahí, olvidado, a lo que ella me dijo: “tienes que retomarlo, me encantaba”. A mi pareja le encanta esa historia, incluso tuvo una pesadilla con el protagonista.

Le hice caso; la exhumé, me pusé la bata de forense y me puse a diseccionar, abrir, quitar y rebuscar. Una vez localizados los síntomas de su posible defunción comencé la parte más complicada, la que más trabajo me dio: corregir y reescribir.

Del manuscrito original, aquel pequeño bastardo de 200 páginas, queda muy poco: la ambientación, el pueblo y el monstruo. El resto es todo nuevo, conforme avanzaba en la corrección se me fueron ocurriendo nuevas ideas, nuevos personajes, incluso una historia paralela que acaba confluyendo y mezclándose con la principal. Fue un trabajo duro ese de tachar, cortar y seccionar algunas partes pero disfruté creando nuevos personajes y fue genial tener la oportunidad de cambiar por completo la historia desde el principio.

Sin embargo, llegó un momento en el que, cada vez que releía la obra, me encontraba con la necesidad de cambiar algo, de introducir un nuevo personaje, una nueva escena… En ese momento tuve muy claro que tenía que parar, necesitaba dejarlo; yo ya no era objetivo, necesitaba una segunda opinión.

Les mandé el manuscrito a los chicos de Pulpture y lo que recibí fue mucho más de lo que esperaba: estaban ilusionados, les encantaba y les parecía genial poder estrenar su línea “Fóbia” con una novela grande como esta.

El resto fue coser y cantar, ellos los revisaron (oooootra vez), yo trabajé con sus correcciones y revisiones (again and again) y, por fin, quedó lo que tenéis entre manos: una novela de terror de 300 páginas. Una obra de terror atmosférico con ritmo y unos personajes sencillos y creíbles, tipos que tienen los mismos problemas que tú y que yo, pero que se han visto de cara con el horror de algo que no entienden.

En ella reconocerás mis influencias más cercanas como Stephen King o Lovecraft, pero también te encontrarás con el ritmo de películas como La Cosa de Carpenter. Blackwood: Piel y Huesos es una novela de terror para los amantes de terror. Ni más ni menos.

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Como veis, la relación escritor - novela siempre es larga y, en este caso, ha sido también fructífera. En la imagen que os he dejado más arriba se puede apreciar Viejas huellas (aquella historia corta que podéis leer por tan sólo 50 céntimos), la propia novela (que podéis comprar aquí) y un par de regalitos que obtendréis si compráis la novela (un marcapáginas de edición limitada y otro relato corto totalmente gratuito que nos cuenta más cosas sobre la historia en la que está basada el libro).

Si vivís en Madrid, este sábado día 12 de diciembre el autor hará la presentación de "Blackwood: piel y huesos" en la Librería Tuu (situada en la C/ Padilla, número 78). Pero si no podéis ir y queréis el libro firmado, si lo compráis antes del sábado la Editorial Pulpture os lo enviará dedicado por el autor sin coste adicional.

Y, si después de todo lo que habéis leído hoy en mi blog aún estáis indecisos, podéis pasaros por el blog de Jaume Vicent, Excentrya, y leer cualquiera de los numerosos relatos que pone a nuestra disposición de manera gratuita; así podréis comprobar de primera mano por qué tengo razón cuando digo que es un pedazo escritor de terror de los pies a la cabeza.


jueves, 3 de diciembre de 2015

¿Por qué en mi novela hay una palabra que no existe?

Como bien sabéis los mecenas de mi primera novela (gracias al último correo electrónico que os ha enviado la editorial), tras haber completado con éxito el proceso de corrección, "Detrás de la pistola" se encuentra actualmente en cola de maquetación. ¿Esto qué quiere decir? Pues entre otras cosas y para que nos entendamos, que tienen que ajustar el archivo de la novela para que cuando la impriman quede un libro chulo, y no se caigan las páginas, ni falten letras, ni queden párrafos descolocados. Así que sí, puedo confirmaros que nadie se ha olvidado de este libro y que estamos trabajando a toda máquina para que podáis tenerlo en vuestras manos cuanto antes.

Y aprovechando que vengo aquí a hablaros de las novedades del proceso de creación de esta novela que sale a la luz gracias a muchos de vosotros, voy a contaros una curiosidad que se encuentra entre sus páginas y que os animo a que descubráis: en la novela hay, hacia el final, una palabra que no existe; es decir, que no se encuentra en la RAE ni en el diccionario de ninguna otra lengua; que no corresponde a un posible nombre propio real ni a nada parecido; vamos, que es pura invención.



Hay una razón fundamental que justifica la presencia de esa palabra, y no es otra que la de intentar controlar el pirateo de mi novela (si es que esto es posible en realidad). Leí hace mucho tiempo en algún sitio (no recuerdo en dónde), que algunos autores incluían en sus manuscritos una palabra inexistente, para luego programar búsquedas automáticas con Google Alerts, y que así, cuando apareciese esa palabra en algún rincón de internet, recibiesen en sus correos un mensaje informando de que habían encontrado una página que coincidía con sus criterios de búsqueda.

¿Es realmente posible controlar la piratería de nuestra novela? Yo creo que no, pero eso no quiere decir que no vayamos a intentarlo; y me parece que este método puede ser algo interesante a probar y, desde luego, mucho mejor que poner DRMs exhaustivos que dificulten la lectura del libro en cualquier dispositivo.

Pero es que, además, esta palabra inventada no está ahí para cumplir sólo esa función, sino que al final se ha convertido en una parte fundamental de la novela; una idea que surgió para poner en prueba esta técnica anti-piratería se ha convertido en algo que ha superado mis expectativas y que le da un toque tan personal al libro, que sólo lo entenderéis cuando lleguéis al final.

Prestad atención cuando leáis "Detrás de la pistola" y, si llegáis a encontrar la palabra que no es tal me gustaría que me lo dijeseis y me comentaseis qué os ha parecido. Pero mientras la novela está en el horno, contadme, ¿qué técnicas anti-piratería conocéis y qué opináis de ellas? Os espero en los comentarios.